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CAPITULO 16
LA LEY DEL CÍRCULO
Cuando se le dio al hombre la inteligencia autoconsciente y el don del
libre albedrío, su subsecuente uso de la vida requirió la asistencia de
la Inteligencia Divina para ayudarlo (cuando estuvo listo) para poner
su mundo nuevamente en Orden Divino. La Ley del Círculo –la creación de
causas y la cosecha de sus efectos últimos –es inexorable. La energía
magnetizada y utilizada constructivamente por el hombre tiene que
regresar como felicidad. Si se utilizó destructivamente, regresará como
infelicidad. El hombre, atrapado en la red de su propia hechura, al
sentir el retorno de la energía mal calificada de sus causas
imperfectas, tarde o temprano pide la ayuda y la asistencia de Dios. Es
entonces cuando el hombre recibe la mayor asistencia. Los Señores del
karma sirven impersonalmente todas las evoluciones, con sólo una idea
en mente: ayudar al individuo, al Planeta y al Universo a expresar más
de la Perfección de Dios.
La Ley de Causa y Efecto le da al individuo una tremenda
oportunidad para aprender a utilizar el inapreciable regalo de la Vida.
Por medio del dolor que experimenta después de poner la mano sobre la
estufa caliente, un niño aprende a evitar quemarse en el futuro. Lo
mismo hace el estudiante de la Vida: aprende a evitar establecer causas
de futuro dolor mediante la generación de energía calificada
inarmoniosamente en cualquiera de sus cuatro vehículos inferiores.
MIENTRAS MÁS AVANZADO SEA EL ESTUDIANTE, MÁS
RÁPIDAMENTE REGRESARÁ LA ENERGÍA ENVIADA ADELANTE POR ÉL, CON MÁS DE SU
MISMA CLASE.
La humanidad ha utilizado la Vida muy promiscuamente a
través de las edades. Debido a que la Vida es obediente e inteligente,
obedece las directrices de los pensamientos, sentimientos, palabras y
acciones de la humanidad. La Vida toma la forma que la humanidad misma
crea. Esta forma no es siempre agradable al ser externo. Cuando los
seres humanos caigan en la cuente de que la Vida –de por sí- es
inmortal, obediente e inteligente, y que ellos tienen el poder para
dirigirla hacia canales consecutivos, llegan al punto en que la
Auto-Maestría es posible. Con toda razón se dice que
“es digno de mandar quien ha aprendido a obedecer”.
La
Tierra es un salón de clase en donde la humanidad ha estado esforzándose
por aprender a moldear la sustancia Vida dentro de hermosas formas,
hermosos colores, hermosas radiaciones para bendición de sí y de sus
compañeros de viaje. Sin embargo, en el proceso de aprender, el hombre
ha buscado “a tientas” en demasía, y así como el aprendiz de carpintero
deja muchas virutas de la hermosa madera sobre la cual practica,
asimismo la humanidad ha dejado muchas “virutas” similares en la
atmósfera de la Tierra, donde sus experimentos han tenido lugar. Muchas
de esas “virutas” no son de expresión constructiva, y se les llama
“creaciones humanas”. El estudiante sincero se dedica a la limpieza del
“taller” (la Tierra) de estas expresiones imperfectas del uso de la
Vida.
Incluso, así como el aprendiz digno debe barrer las “virutas” de sus
toscos esfuerzos, asimismo debe el estudiante que desea utilizar la
vida constructivamente, ocuparse en la tarea de limpiar las creaciones
discordantes y los torpes esfuerzos de sus centurias de experimentación
con el uso de la Vida. Para este propósito se creó la Llama Violeta de
la Misericordia y el Perdón, y su uso se ha dado a los pocos de entre
los hijos e hijas de los hombres. Si ellos lo utilizan de buena gana de
la misma manera que el aprendiz de carpintero usa su escoba para
limpiar su taller, entonces estarán listos para que se les dé más
Instrucción que orienta la dirección de la conciencia y la canalización
de su energía de Vida a formas de belleza, armonía y perfección de
expresión. ¡Estamos en este período ahora!. |